La independencia del diseñador
20/09/2007Este verano leí La Arquitectura del Poder y me quedó una idea muy triste acerca de la libertad del arquitecto: siempre necesitará a un cliente para poder materializar su idea. La inversión necesaria para construir un edificio es demasiado grande para él. Su independencia no es más que una ilusión, pues está condicionada por la influencia del cliente tanto en la función de la obra (que sirva para esto) como en la forma (que se parezca a esto).
Hace unos días, leyendo a Jean Prouvé, me encontré con algo distinto. Prouvé no era un arquitecto al uso, sino un artesano del hierro que acabó siendo un industrial de la construcción en serie. Esa circunstancia le permitía trabajar de otro modo:
En mis talleres había un montón de jóvenes arquitectos [...] Fue allí donde descubrieron lo que podía ser la verdadera inspiración arquitectónica: que el trazo de lápiz que hacían el lunes podía ser una realidad el martes. Sabían enseguida lo que iban a obtener, mientras que el jóven arquitecto de hoy en día proyecta casi siempre cosas que no se harán. ¿No le parece algo mortal para el espíritu?
¿Dónde estoy yo como diseñador de interacción? Ayer por la mañana estaba al servicio de un cliente, pero por la tarde estaba diseñando y construyendo mi propio proyecto. Supongo que los diseñadores de interacción le debemos la independencia al abaratamiento de la tecnología y al software libre. Sin ese contexto sería imposible que construyéramos nuestros propios edificios.

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